La iniciativa formaba parte de un programa de formación más amplio dividido en dos fases: una primera jornada al aire libre, con actividades prácticas y en grupo, seguida de una sesión en la empresa dedicada a poner en contexto y profundizar en los conceptos que surgieron durante la experiencia sobre el terreno. Un enfoque que ha permitido convertir la formación en un proceso concreto de aprendizaje y toma de conciencia.

Los participantes se dividieron en ocho equipos, cada uno identificado con un color y un valor característico. Una forma sencilla pero eficaz de reforzar el sentido de pertenencia, fomentar la colaboración y recordar que la seguridad, más allá de ser una norma o un procedimiento, es una responsabilidad compartida que surge de los comportamientos cotidianos.
A lo largo del día, los equipos han participado en una serie de actividades dirigidas por profesionales de la seguridad y la formación, diseñadas para abordar el tema desde diferentes perspectivas: desde la conducción segura hasta los efectos del cansancio y las distracciones, desde la ergonomía hasta la gestión del estrés, desde la comunicación en situaciones de emergencia hasta la seguridad conductual, pasando por la relación entre el bienestar, la alimentación y el rendimiento laboral. El hilo conductor de todas las experiencias fue uno solo: entender cómo las decisiones individuales influyen no solo en nuestra propia seguridad, sino también en la de las personas que trabajan y viven a nuestro lado.

Lo que más se ha valorado ha sido el carácter práctico de las actividades. A través de simulaciones, ejercicios, momentos de debate y pruebas en equipo, los participantes han podido comprobar de primera mano hasta qué punto factores como la atención, la comunicación, la percepción del riesgo y la colaboración son clave en las situaciones cotidianas. Así, el aprendizaje se convirtió en experiencia, y la experiencia se transformó en conciencia.
La segunda fase del proyecto, que se llevó a cabo después en la empresa, permitió aplicar en el entorno laboral lo que había surgido durante la jornada al aire libre. La aportación de la psicóloga laboral Claudia Messeri, especializada en formación y orientación sobre la cultura de la seguridad en el trabajo, ha ofrecido nuevos puntos de reflexión sobre el papel de las personas y los comportamientos en la prevención de riesgos.
Además de los aspectos formativos, el Team Building ha sido una oportunidad importante para que se reunieran compañeros de diferentes funciones, sedes y departamentos. Compartir retos, intercambiar opiniones, ponerse a prueba y alcanzar objetivos comunes ha reforzado ese patrimonio de relaciones que constituye uno de los puntos fuertes de nuestra organización.

La seguridad no es solo un conjunto de normas que hay que cumplir. Es una cultura que hay que construir cada día, con atención, responsabilidad y espíritu de equipo. El 22 de mayo nos recordó que aprender juntos significa crecer juntos y que el bienestar de las personas es la base imprescindible para el éxito de la empresa.
Por eso, la actividad de team building sobre seguridad no ha sido solo un evento formativo, sino una muestra concreta de los valores que guían a EMEC: atención a las personas, responsabilidad, colaboración y mejora continua. Valores que, una vez más, hemos tenido la oportunidad de vivir en primera persona.
Roberta Bontempo, directora de RR. HH. de
